lunes 1 de febrero de 2010
Ignorancia Funcional
Siguiendo una línea similar a la de mi primer entrada en esta nueva etapa de bloggero (en la que ocupo aumentar la periodicidad de mis subidas) quisiera citar los dos tipos de ignorancia que he identificado recientemente, al analizar los debates, piquetes y demás actividades políticas recientes. Realicé una clasificación semejante a la aplicada al concepto de Injusticia, desde el punto de vista de un ciudadano más, sin ser sociólogo o algo parecido…He aquí el producto:
Ignorancia Tipo A: es la ignorancia de los ricos, los muy, muy ricos. Aquellos jefes, gerentes, ministros y empresarios que reúnen a sus empleados para incentivarlos a votar por una tendencia, ya que de lo contrario podrían perder su arroz y frijoles. Estos son los candidatos a diputado por tercera o cuarta vez, los que tienen apellidos raros y apariencia europea, los ricachones. Estas personas manipulan, mueven dineros, crean ilusiones y redactan memorándums. Los ignorantes que creen que engordar es crecer, que acumular es enriquecer. Los ignorantes peligrosos, porque tienen poder.
Ignorancia Tipo B: son aquellos “ricos wannabe”, que manejan sus BMW viejitos (de los que todo les suena, echan humo por todo lado, pero son BMW…). Estos son los que creen que todo está bien, que el gobierno debe darles trabajo, y no ser ellos creadores de fuentes de empleo.
Estos son los que un domingo en la tarde pasan frente a un piquete y le gritan “vagos” a quienes están, pacíficamente, apoyando a un partido político. No entiendo, ¿se supone que la mayoría de las personas trabajan los domingos por la tarde? La persona que anda manejando en camiseta y pantaloneta, ¿está trabajando cuando grita eso?
Estos herederos, acreedores de deudas plásticas y camisas de mall, votan…y eso es peligroso, porque votan por los intereses de las empresas de papi, creen ciegamente en lo que dice La Nación, aspiran a tener puestos elegidos a dedo, en algún restaurante de Lindora.
Ignorancia Tipo O: esta es distinta, es la ignorancia donadora universal, la que alimenta la ignorancia de los Tipos A y B, pero no recibe nada de ellos...excepto un ocasional combo de McDonald’s. Los que pertenecen a este grupo tienen una menor cuota de responsabilidad, porque son todas aquellas personas que el gobierno garantiza que nunca aprendan, que nunca crezcan, que nunca vean las cosas como son. Los líderes se han encargado de darles lo mínimo (y a veces menos) con tal de que no mueran, pero que tampoco tengan aspiraciones.
Estas son las personas que por una hamburguesa o por una promesa de vivienda agitan la bandera de un partido político. Son las personas que no saben utilizar un condón, que recogen las piñas de las empresas de los ignorantes tipo A, siendo supervisados por el gerente junior de la empresa (un ignorante del tipo B).
Y es que “todos somos muy ignorantes. Lo que pasa es que no todos ignoramos las mismas cosas”, como dijo Einstein. El asunto es que hemos caído en un juego asqueroso, donde los ignorantes tipo A y B han puesto una venda y han amarrado las manos de los ignorantes tipo O, para luego amarrarse y vendarse ellos mismos, creyendo que Costa Rica es un kilómetro en Lindora, una lección de francés en la alianza, un culto en una iglesia alfombrada o una zona franca.
Gracias gobernantes, por garantizar que la ignorancia siga vigente en nuestro país, dándome así un tema más para escribir. Espero que la próxima entrada sea de algo positivo…lo dudo.
miércoles 20 de enero de 2010
Hay Días...
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jueves 31 de diciembre de 2009
Recuento de una Década.
Hace diez años me gustaba patinar, jugar basket, escuchar a Blink 182 e ir a los bailes del Colegio Calasanz...pesaba varios kilos menos, había más pelo en mi cabeza y más energía en mi cuerpo. Hace diez años mis amigos eran Diego, Álvaro y Carlos...de ellos hoy sólo mantengo contacto constante con uno.
Me preparaba para ingresar al Colegio Seminario, al I-A, con el profesor guía Arturo Esquivel, con el nerviosismo característico al iniciar un nuevo proceso.
Muchas cosas ocurrieron...noviazgos, besos, caídas, funerales, asaltos, títulos, bañazos, caminatas, campamentos, misas, cultos, fiestas, borracheras, bodas, elecciones, piscinazos (y piscinazos VIP), paseos, mejengas, viajes, karaokes, ampliaciones, nacimientos, construcciones, mundiales, pólvora, Zapote... y hasta hubo tiempo de hacer un martes de limón, con bombas de agua incluidas.
Hoy, 10 años, dos ciclos educativos y varias cervezas después, me atrevo a decir que aún creo que lo mejor está por venir y lucharé para ser cada vez menos espectador y más participe de la vida, sin dejar de sorprenderme al ver los juegos de pólvora o al pasar un examen.
Gracias a quienes me han acompañado durante esta década, la cual abarcó la mitad de mi vida. En especial gracias a quienes se han mantenido firmes, a pesar de las depresiones, las crisis, los guaros vaqueros, los pleitos por messenger, los mensajes de texto enviados al receptor equivocado, los préstamos de dinero nunca saldados, los vasos y platos quebrados, los regueros en los manteles, los rayones a los carros, los comités de tesis, las llegadas tardías, las derrotas deportivas y los cambios de humor inesperados.
Feliz Año 2010 amigos.
viernes 20 de noviembre de 2009
Publicación en El Portavoz
http://www.elportavoz.com/index.php?option=com_content&view=article&id=695%3Ala-discapacidad-en-el-futuro&catid=34%3Aopinion-&Itemid=44&lang=es
martes 17 de noviembre de 2009
La Discapacidad en el Futuro
La Discapacidad en el Futuro
“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños” Eleanor Roosevelt
David Solano Abarca
El futuro que algunos esperan vivir es el presente que otros ya están viviendo; las ciclo vías, paradas de buses adaptadas y rampas de acceso del Municipio de Curitiba en Brasil, son el sueño de la Municipalidad de San José, en Costa Rica. Al menos son la esperanza de aquellas personas que creemos en la accesibilidad e inclusión de todos y todas, creando oportunidades en lugar de barreras; sin excusas y sin pretextos. Curitiba es un ejemplo de que sí se puede mejorar la vida en sociedad, con voluntad, eficacia y eficiencia en el manejo de los recursos, guiados principalmente por el respeto hacia nuestros semejantes, nuestro país y nosotros mismos.[1]
El futuro de la discapacidad depende mucho del presente, el cual a su vez es forjado, en gran parte, por acciones llevadas a cabo en el pasado. El tiempo no se puede detener. Aunque parezca lógico y hasta obvio, lo anteriormente expuesto es un elemento clave en el estudio de la discapacidad, ya que no existe la posibilidad (al menos en este mundo) de detener la vida, revisar lo que se ha hecho y cambiar. Los caminos deben redirigirse sobre la marcha, y eso es algo muy difícil, mucho más cuando nuestro accionar se ve entorpecido por la burocracia, las leyes absurdas, la corrupción y la aparente “falta de ganas” de trabajar honradamente, evidenciada principalmente en los políticos.
El pasado de Costa Rica conlleva a que en nuestra tierra habiten personas de etnia negra, de italianos, asiáticos, nicaragüenses y colombianos (dentro de muchas etnias y nacionalidades más); además el pasado de Costa Rica, al menos el que nos enseñan en las escuelas, no fue un pasado bélico. Esa historia ha determinado, a criterio personal, la legislación, estilo de vida y política de nuestra nación. Somos un país inclusivo con lo ajeno, pero que fácilmente desecha lo propio. Un país pacífico, ¿o será más bien pasivo?
Lo planteado anteriormente nos hace reafirmar el pensamiento de que la discapacidad, dentro de muchos otros elementos de la vida, depende del ambiente donde se desenvuelvan las personas. Por ejemplo, la necesidad de desplazarse en una silla de ruedas resulta una acción muy compleja para alguien que vive en Barrio Córdoba, Zapote; como se muestra en el video Route 7600, realizado hace 2 años por estudiantes de la Universidad de Costa Rica[2]. Sin embargo, esta misma acción podría no implicar tantos problemas para alguien que vive en la citada ciudad brasileña de Curitiba. La discapacidad está en la sociedad, en los medios, en los edificios, en las calles y aceras; nunca debe considerarse como elemento “discapacitado” a las personas que presentan alguna particularidad o enfermedad, ya sea física, mental o sensorial.
Basándonos en lo expuesto en el párrafo anterior, el futuro de la discapacidad depende no sólo de los familiares de las personas con discapacidad, los médicos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, psicólogos y demás profesionales cuyo accionar está estrechamente ligado a las personas con discapacidad; se necesita del aporte de periodistas, alcaldes, empresarios…todos y todas debemos formar parte de la inclusión, ya que si no lo hacemos nos convertiremos en elementos entorpecedores y excluyentes.
Una enfermedad o lesión padecida por una persona puede implicarle una alteración en su forma de desempeñarse, sin embargo lo que hoy puede
considerarse de forma irremediable como una discapacidad grave, mañana podría no serlo, gracias a la constante evolución en la que se ven inmersas algunas sociedades.
Por ejemplo, estudiar Arquitectura en la UCR, hace algunos años, estaba reservado para personas que pudieran subir y bajar gradas constantemente, para desplazarse entre los distintos pisos del edificio que alberga esta facultad. Hoy, luego del esfuerzo de muchas personas, quienes se desplazan en sillas de ruedas, o bien, aquellas personas que presentan una movilidad limitada, sea cual sea el motivo de esto, pueden movilizarse libremente entre los pisos de este edificio, gracias a la construcción de un ascensor. El pasado tortuoso y discapacitante de las personas que deseaban estudiar arquitectura en la UCR, es hoy un presente más inclusivo y accesible.
Vislumbro que en el futuro Costa Rica será un poco más accesible, un poco más inclusiva…sólo un poco. En un país donde debemos pagar dos veces por todo, como cita el M.Sc. Ottón Solís Fallas, dudo que se lleven a cabo cambios tan radicales como los que requieren las personas con discapacidad (esté esta diagnosticada o no; sea esta evidente o no…). Si pagamos dos veces por educación, dos veces por seguridad y dos veces por salud, creo que pasarán otros 13 años más antes de que la Ley 7600 haga su metamorfosis del papel a los hechos concretos y visibles.[3]
Si Uruguay es capaz de construir el aeropuerto más moderno de Sudamérica en sólo 15 meses, ¿por qué Costa Rica no es capaz de construir…nada? ¿O será que sí somos capaces, pero simplemente nos da pereza? A mis 22 años de edad la mejor respuesta que he encontrado a esas preguntas es que en Costa Rica vivimos con el “tico” muy arraigado…todo es chiquitico, pequeñitico… Así nunca le ganaremos a Uruguay ni a Brasil, ya sea construyendo aeropuertos, remodelando la red vial o jugando fútbol.[4]
Otro ejemplo de esa mentalidad chiquitica de Costa Rica es que acá todo se embodega…las leyes se archivan, los ladrones se encarcelan, los enfermos se hospitalizan; pero pocos se rehabilitan, pocas cosas se cumplen. Costa Rica es una gran bodega de proyectos, personas, plantas; y en las bodegas las cosas se empolvan, se oxidan y se olvidan.
En el futuro seguramente tendremos sillas de ruedas más modernas, más edificios con rampas, más computadoras y semáforos adaptados; menos gradas, menos baños estrechos y menos discriminación. El problema, sin embargo, es que vamos avanzando a paso muy lento hacia ese futuro…problema característico de los países subdesarrollados, o mejor dicho, arrollados.
David Solano Abarca.
[1] Pinheiro C. Curitiba una Experiencia Continua en Soluciones de Transporte. Disponible en http://www.planum.net/topics/documents/curitiba.pdf, recuperado 31 Noviembre 2009
[2] Solano, D. et al. Route 7600: Crónicas de un Discapacitado, (corregido posteriormente a crónicas de una persona con discapacidad). Disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=u4X6Ubm7vVg
[3] http://www.otton.cr/2faqs.php?id=Preguntas_Frecuentes#faqs.php
[4] http://www2.esmas.com/noticierostelevisa/internacional/america/102924/nuevo-aeropuerto-uruguay-mas-moderno-sudamerica
lunes 16 de noviembre de 2009
Decisiones II
Antonio Lehman, dueño de la famosa cadena de librerías, murió anoche a sus 75 años de edad. No murió de hipertensión, ni diabetes o cáncer, su causa de muerte fue la otra gran enfermedad que padecemos los costarricenses: la inseguridad.
Pareciera que en Costa Rica, al menos en la Costa Rica que tenemos, está prohibido vivir de manera espontánea. Si queremos salir de nuestras casas podemos hacerlo, pero antes hay que armarse, activar la alarma, soltar al perro guardián, llamar al “guachimán” para que vigile la casa en nuestra ausencia, ir a un restaurante con vigilancia privada, tragarse la comida y devolverse, chequeando cada 5 segundos por el retrovisor si alguien nos viene siguiendo…si es que logramos salir vivos del restaurante.
Fría. Rápida. Inesperada. Así fue la muerte de don Antonio. Uno más (o uno menos). Eso representa la muerte de Antonio Lehman para nuestro presidente, el estadista. Un número, un hecho cotidiano.
No sé como cerrar este artículo, no tengo una frase o un mensaje. La sensación de que mañana podría ser yo el que muera no me deja pensar, por lo que dejo este tema abierto, esperando poder cerrarlo algún día…
David Solano Abarca.